Disculpen mi inactividad. He vuelto con una pequeña serie sobre Teoría de Conjuntos a modo compensación. También habrán algunos cambios que mencionaré en pronta publicación. 🙂

En 1883, Georg Cantor proponía todo conjunto puede ser bien ordenado como una ley del pensamiento. Este Principio de Buen Ordenamiento se mantuvo en el corazón de los números cardinales de Cantor, los mismos que él había construido para investigar los conjuntos infinitos. Sin embargo, el Principio de Buen Ordenamiento se transformó en el problema del Buen Ordenamiento cuando Cantor anduvo buscando una demostración durante una década. En 1908, Ernst Zermelo produjo una solución. Zermelo formuló e hizo uso de una nueva y extremadamente poderosa herramienta matemática, El Axioma de Elección.

Exploraremos los axiomas de Zermelo-Frankel de la Teoría de Conjuntos, probaremos el Lema de Zorn y el Teorema del Buen Ordenamiento, además consideraremos algunas de las consecuencias de El Axioma de Elección.

— Introducción —

Un conjunto Bien Ordenado es un conjunto en el que todo subconjunto alcanza un mínimo. Un conjunto bien ordenado usual es el conjunto de los números naturales. El buen ordenamiento es una propiedad deseable porque tales conjuntos se parecen a los números naturales. Hay cierta esperanza de que podamos trabajar con tales conjuntos de la misma manera que lo hacemos con los números naturales. Hay muchas consecuencias estupendas de las cuales hay dos a continuación: extender el conteo más allá de los números naturales y extender el proceso de inducción matemática.

El Buen Ordenamiento no es una ley del pensamiento trivial como Cantor descubrió. El Teorema del Buen Ordenamiento, todo conjunto puede ser bien ordenado, es un resultado profundo en teoría de conjuntos. Esta es la razón por la que procuraremos un preámbulo sobre la teoría de conjuntos; en particular, la teoría axiomática de conjuntos.

Intuimos sobre los números, la aritmética, el conteo, entre otros. Pero, la idea de la teoría de conjuntos es construir una teoría en la que estas observaciones sean una consecuencia y en el que todas las otras entidades maravillosas puedan ser construidas rigurosamente. Parafraseando esto, podemos decir que la motivación de la teoría de conjuntos fue crear las matemáticas desde algo fundamental e incuestionable.

La primera de estas teoría fue la teoría ingenua de conjuntos en las que los conjuntos fueron considerados como objetos intuitivos. La necesidad de axiomatizar la teoría de conjuntos empezó con siglo veinte, cuando filósofos y matemáticos empezaron a hallar contradicciones en esta teoría de conjuntos; para ilustrarlo, consideremos el problema sugerido por Bertrand Russell en 1903. La Paradoja de Russell es la siguiente: si {\mho} es el conjunto que contiene a todos los conjuntos (el conjunto universal) y {\mathcal M = \{ A \in \mho : A \notin A \}}, ¿se cumple {\mathcal M \in \mathcal M}? Bueno, supongamos que {\mathcal M \in \mathcal M}; entonces tenemos que {\mathcal M \notin \mathcal M}. Si {\mathcal M \notin \mathcal M}, entonces {\mathcal M \in \mathcal M}. Esto es una clara inconsistencia: la existencia de un conjunto universal se dio por sentada en esta teoría. Es problema es grave pues las matemáticas son precisas en la teoría que es construida. La teoría que exploramos es la teoría de conjuntos de Zermelo-Frankel, la teoría en la que el análisis clásico se basa y de hecho la teoría aceptada para definir las matemáticas.

Idealmente, los axiomas deberían ser «verdades inobjetables». No obstante, por la misma naturaleza de los axiomas es siempre debatible. De hecho, ha habido siempre un axioma de la teoría de conjuntos sujeto de severas críticas: El Axioma de Elección. Este axioma puede ser usado para elaborar pruebas no constructivas sobre la existencia de objetos fantásticos, algunos de los cuales son aparentes paradojas. Consideraremos el axioma de la elección a cierto detalle y, de hechom probaremos que es equivalente al Teorema del Buen Ordenamiento.

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