Veía algunos programas de televisión y me llamó la atención las expresiones como “ahora contará su verdad” o “porque mi verdad es…” en clara alusión a la versión de los hechos que tienen las personas. Claramente, el usar esas expresiones podrían estar refiriéndose a las opiniones que tienen sobre lo sucedido. No obstante, creo que no. 😐 Pues bien, aunque este tema podrían caber en un debate de lógica y racionalidad, lo dejaré sólo en unos aspectos filosóficos del mismo.

[Volviendo de un cambio de aires y yendo a unas vacaciones. 🙂 (Qué falta hacen.) Suerte, estimado y estimada.]

   Estuve leyendo algunas publicaciones y comentarios respecto al tema. Me parece que es algo generalizado: muchas personas no creen en la “verdad”, tampoco que exista una posibilidad de que existe (suceda) “algo”. Por ello, pensé que el siguiente escenario puede resumir parte lo que deseo tratar: nadie puede demostrar que bebí yogur esta mañana, incluso como pueden existir miles de indicios que apunten al hecho que en realidad lo hice. Por ejemplo, varias personas que estuvieron conmigo podría confirmarlo; pero pueden mentir. Se podría revisar el paquete de yogures y ver si falta uno; pero no demuestra que fue el mío. Podrían haber fotos o vídeos míos en los que bebo yogur; pero podrían ser retocadas o de ayer. Incluso, en una autopsia podrían hallar yogur en mi cuerpo, no es probable al ciento por ciento que yo bebiera ese yogur. Así sucesivamente, siempre hay razones por las que podría no haber bebido. Parece algo que no se puede probar.

¿Nunca podremos probar que algo sucedió (o que es real)? Y, de ser cierto, ¿tampoco podremos probar algo que no es real?

   Pues, esto se debe a que las personas inventaron palabras como “posiblemente”: si una persona consume habitualmente yogur cada mañana, esperaré que mañana vuelva a consumir yogur, aunque por supuesto hay una pequeña posibilidad de que no lo haga. (Notar que las palabras “posiblemente” y “probablemente” poseen significados distintos, pero no hago esa distinción aquí porque usualmente se entiende una posibilidad como algo que puede o no suceder en alguna medida del emisor del mensaje.)

   Esa pequeña posibilidad es hacia donde se dirige la atención del escéptico: el escepticismo per se, conocido como pirronismo. Pero esto no nos llevará muy lejos; como herramienta es útil, pero en ocasiones carece de sentido cuando necesitamos emitir un juicio —que Kant designa como una facultad del hombre como ser racional. (Esto puede verse algo más de detalle en una publicación anterior sobre la racionalidad.)

   La duda, como método, atrae más atención de la que merece, probablemente debido a cómo Descartes la usó, y se puede pensar que ha sido añadida a las matemáticas y a las ciencias como un método indispensable; lo que es —pero no debería, a expensas de otros métodos, como el razonamiento por analogía.

   Kierkegaard, por ejemplo, ignoraba a los discípulos de Descartes que usaban la duda de la manera en que mencionamos antes, mientras que aprobaba el uso que le daba Descartes sobre sí mismo —en tanto el uso era “honesto”, como un medio hacia algo, pues era un proyecto positivo —una epistemología, en la que él era un afirmador en lugar de un negador que utiliza la duda como un niño —diciendo “no, esto no puede ser verdad” y “ni tampoco lo otro” o “nada puede ser verdad cuando todo puede ser verdad”.

   Recoger una fruta, ¿no se siente real? Bueno, entonces es real. Cuando los filósofos hablan de la realidad de las cosas, a menudo utilizan la palabra real en un sentido diferente al que consideramos usualmente; un ejemplo clásico es interpretar “real” como “lo que es permanente y eterno”: la manzana no es real en este sentido —es posible que comerla; en este sentido tenemos lo único parmenidiano, es decir, los quarks o Dios.

   Por otro lado, podemos considerar como bayesianos a quienes piensan en ese sentido. Para un bayesiano no es tanto que todo es una opinión o que no hay verdad. Más bien sucede que su marco para de aprender la verdad no permite la certeza. Hay una razón práctica para esto: cada evidencia (datos) que reciben debería ser capaz de cambiar la probabilidad de un hecho. (Respecto a la “certeza en la verdad”: lo hace. De hecho, se debe a que en ningún problema de probabilidad está bien definida. Las probabilidades de todos los posibles resultados mutuamente excluyentes tienen que sumar uno, por lo que la probabilidad de que sólo alguno de ellos ocurra —que es una certeza— deben ser uno.)

   Por ejemplo, bajo el enunciado “bebió yogur esta mañana”, teniendo en cuenta que no bebió yogur esta mañana, esta declaración se hace muy probable. Pero entonces, ¿cómo hacemos para procesar evidencia que apunta en sentido contrario? ¿Qué pasa si alguien dice que usted no bebe yogur esta mañana porque ya está tarde?

   Otro aspecto de la aproximación bayesiana es que nos vemos obligados a tomar decisiones específicas acerca de la realidad. Así, a lo mejor nos vemos obligados a apostar con alguien más si usted bebió yogur esta mañana; en la práctica, esta incertidumbre a menudo se derrumba ante la necesidad de tomar una decisión en particular. (Puede verse más al respecto en una publicación anterior sobre deducción.)

   Como despedida, podemos resumirlo con la siguiente historia: una vez tuve un sueño que Aristóteles explicó su filosofía para mí, y yo lo refuté. Entonces Platón hizo lo mismo, y me refutó. Entonces todos los grandes filósofos occidentales y orientales aparecieron, y refutaron todas sus filosofías. Me desperté y escribí la refutación, y volví a dormir. A la mañana me di cuenta de que yo había escrito “¿En serio? Eso es sólo su opinión, amigo”.

   Suerte. 🙂

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